Cómo debería llevar mi vida, disfrazada de segundero para correr, volar aunque no disfrute la inercia del movimiento entre un lapso. O quizá pudiera aparentar ser un minuto, llegar a los 60 y volver a empezar. La hora, la hora es la que me preocupa si tuviera que ser ella, lenta y pensativa, mas sin embargo sabia, paciente y melancólica.
De mis tres opciones de seguro que me fijarán al centro y daremos vueltas completas siempre, recordando que ya pase por aquí hace unos momentos. No quiero ser un reloj de pila o numeritos digitales, quiero convertirme en manecilla de acero, con un motor perpetuo que nunca deje de marca